11 Feb 2016
Febrero 11, 2016

6 verdades sobre el miedo

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Roosvelt decía que de lo único que tenemos que tener miedo es del propio miedo. ¿Por qué nos paraliza tanto este sentimiento?

El miedo es una emoción en cierta forma adaptativa al entorno que nos rodea, pero en ocasiones se hace disfuncional. En este caso hablamos del miedo patológico o fobias.

El miedo patológico es aquel que supera un cierto umbral, donde el ser humano se bloquea y se vuelve incapaz de reaccionar de forma adaptativa de acuerdo con las circunstancias. Es aquí donde se marca la diferencia entre el miedo como emoción natural útil y el miedo como reacción patológica es que el primero incrementa nuestra capacidad para manejar la realidad mientras que el segundo, por el contrario, limita o incluso anula esta capacidad, encadenando a la persona dentro de la prisión del pánico.

Solo cuando la percepción del miedo se convierte en inhabilitador y limitador nos encontramos ante una forma de patología que necesita ser tratada.

Todas las personas en mayor o menos grado hemos pasado por momentos en los que hemos sentido miedo, de hecho esto es relativamente normal, el miedo controlado nos avisa, nos protege y asegura la supervivencia.

De manera que cuando identificamos alguna posible amenaza podemos reaccionar atacando aquello que nos acecha o huyendo de manera activa o paralizándonos ante el estimulo aversivo.

Cuando la respuesta ante cualquier amenaza siempre viene acompañada de la huida se aprende que la única estrategia es esta de manera que al no enfrentar lo que nos asusta nos acaba asustando nuestro propio miedo. La incertidumbre, lo que proyectamos en el futuro, nuestra imaginación sobre la amenaza pueden ser mayores que en propio acontecimiento en sí.

Esta magnificación es la que no nos deja más opción que la huida porque no nos sentimos capaces de enfrentarlo y esto retroalimenta nuestras ideas sobre los que nos asusta, alimenta el miedo. Y cuanto menos lo enfrentemos o neguemos más fuerte se hace.

De esta manera desarrollamos el miedo al propio miedo.

De hecho en psicología la agorafobia, aunque curse con miedos a ciertos espacios es miedo al propio miedo, a la propia situación donde aconteció el primer ataque de pánico.

 

¿Cómo luchar en nuestro día a día contra nuestros miedos?

Hay técnicas en psicología para afrontar nuestro miedos irracionales o fobias, entre ellas está la desensibilización sistematica, el contracondicionamiento, la exposición gradual, la inundación o exposición prolongada y un largo etcétera.

A veces descubrir que detrás de estos miedos o ataques de pánico ante determinadas circunstancias se esconde una ansiedad específica, que proviene de una ansiedad generalizada que hay que tratar para que no salga de otra forma. Saber el origen implica cortar de raíz y este tipo de técnicas son las que muestran un alto grado de eficacia en el sentido que nos protegen de las recidivas.

Las terapias psicológicas que pueden ser beneficiosas para las personas que padecen fobia son: la técnica de “inmersión” o las terapias graduadas de exposición, entre las que se encuentra la desensibilización sistemática.

Estas técnicas se enmarcan en el enfoque de la terapia cognitivo-conductual. En algunos casos, también pueden ser de ayuda los medicamentos ansiolíticos.

La mayoría de las personas que tienen fobias entienden que están sufriendo de un miedo irracional o desproporcionado, aunque este reconocimiento no impide que sigan manifestando esa intensa reacción emocional ante el estímulo fóbico.

La exposición graduada y las técnicas cognitivo conductuales trabajan con la meta de desensibilizar a la persona y de cambiar los patrones de pensamiento que están contribuyendo a su miedo.

 

Seis verdades sobre el miedo

  • El miedo nunca desaparecerá mientras siga creciendo.
  • La única manera de liberarse del miedo a hacer algo es HACERLO.
  • La única manera de sentirme mejor es ENFRENTARLO.
  • No soy único sintiendo miedo en un terreno poco familiar, les pasa igual a todos los humanos.
  • Vencer el miedo asusta menos que convivir con un miedo que proviene de la impotencia.
  • Cuando el miedo es aprendido se puede desaprender.

 

 

 

 

 

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