05 Feb 2015
Febrero 5, 2015

Amigos imaginarios

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Personas u objetos, ositos de peluche, personajes inventados o reproducidos de dibujos animados o películas… Los amigos imaginarios pueden adquirir diferentes formas y surgen, en principio, como idealizaciones positivas. Cumplen la misión de cubrir un espacio de fantasía, donde el niño puede conversar libremente, jugar y realizarse. Satisfacen sus ideas, deseos e incluso algunas necesidades de expresión que no encuentran en su ambiente habitual. Consituyen, por tanto, una especie de entrenamiento personal para el pequeño. En general, se trata de una fase de transición que puede ayudar al niño a expresar sus sentimientos en determinados momentos, por lo que su función, bajo esta premisa, es positiva.

 

Una etapa de transición

Los niños atraviesan varias fases en su desarrollo, de manera que, al principio, se centran mucho en sí mismos, en sus relaciones con el mundo y en sus sensaciones a través de los sentidos: prueban con temperaturas, texturas, volúmenes… Esto les ayuda a conocer el mundo que les rodea y desarrollar sus sentidos. Ellos mismos son el centro de sus actividades y existe poca interacción real con el resto de personas que los rodean. Podemos observarlo en guarderías donde cada niño juega con sus juguetes y la interacción queda restringida a momentos en los que quieren el juguete del compañero y viceversa. Son en estas primeras interacciones donde aprenden reglas, negocian, se ponen de acuerdo, esperan turnos, aprenden a ganar y perder, participan, se frustran al no conseguir su juguete o se sienten satisfechos por haberlo hecho, etcétera. Deben ensayar cómo funciona el mundo primero, lo que les ayuda a evolucionar en su desarrollo. Es en esta etapa de transición en la que se produce la diferenciación entre “yo y ellos”, es cuando suele aparecer la figura del amigo imaginario.

 

Los primeros amigos

Normalmente, los amigos imaginarios son un fenómeno que se da en niños de aproximadamente dos o tres años, y son más propensos los hijos únicos que conviven solos con el mundo adulto y que no han asistido todavía al colegio o la guardería. Por este motivo, los compañeros inventados desaparecen cuando los pequeños se incorporan al colegio, donde encuentran su espacio de socialización con iguales. También la existencia de los amigos imaginarios es más frecuente en los niños más sensibles, con una creatividad y fantasía mayor. De hecho, se llega a afirmar que serán éstos niños precisamente los que en la edad adulta elegirán carreras o profesiones donde puedan dar rienda suelta a la creatividad, tales como diseñadores gráficos, publicistas, expertos en marketing, artistas… Pero parece ser que esto no abarca más allá de los seis años, ya que, a estas edades, el contacto con amigos reales es tal que sustituye la necesidad de utilizar a su amigo imaginario para expresar afectos, jugar, negociar y encontrar su posición en el mundo.

 

Funciones positivas

Tener amigos imaginarios sirve para:

– Desarrollar la fantasía: el niño tiene un mundo imaginario donde se siente libre de expresar sus miedos, alegrías, preocupaciones…

– Desarrollar sus emociones, liberar y expresar sus sentimientos y ser más creativo.

– Proyectar posibles conflictos internos que, de otra manera, quedarían encapsulados.

– Vencer obstáculos: a través de su imaginación, el niño crea historias en las que su “héroe” vence al mal. El mensaje positivo sería: “si mi amigo vence al mal, yo también puedo hacerlo con mis obstáculos”, se sienten fuertes, ya que viven el éxito a través de sus imaginaciones. Lo que podemos interpretar como alimento de su autoestima.

– Empatizar: al empatizar con sus amigos imaginarios, posteriormente también lo hará con sus amigos reales.

– Entrenarse: el niño experimenta primero en la fantasía y luego lo extiende a sus realidades. Imaginar cómo se comportaría su amigo le da ideas de cómo hacerlo él.

– Mejorar el lenguaje: el hecho de tener un amigo imaginario puede reportar una mayor habilidad en la comunicación, ya que el niño ensaya de forma libre y lo aplica al resto de sus conversaciones.

 

¿Tendrá algún problema?

Desde el punto de vista psicológico, en un principio no debemos entender este fenómeno como algo en sí mismo patológico ni raro. En todo caso, y ya que los niños deben sentirse acompañados y ayudados, deberemos descubrir qué carencias o necesidades afectivas no cubiertas puede estar tratando de compensar el pequeño con el amigo imaginario. Lo que no es aconsejable es negar su existencia, expresando mensajes como “eres raro” o “este niño está loco”. Ni es raro ni está loco, de hecho, el pequeño se encuentra en la etapa del pensamiento mágico, estudiada y reconocida por los psicólogos. La misión de los padres en estos casos es preguntarle al niño sobre su amigo imaginario (cómo es, en qué le ayuda…) y observarle (prestando atención a cuánto tiempo pasa con él). De esta manera se obtendrá información rica y útil para entender su desarrollo, sus necesidades y sus deseos, y para saber valorar la adecuación o no de esta fantasía. Es una buena forma de acercarnos a nuestro hijo y de poder conocerle mejor. También hay que tener claro que, crear amigos imaginarios, no significa necesariamente que los niños no sean conscientes del mundo real que les rodea. Ellos son capaces de entrar y salir perfectamente de su mundo de fantasía. De hecho, este fenómeno se suele dar dentro de un ambiente lúdico y lejos de él, los niños reconocen sus creaciones.

 

Claves de actuación para padres 

A muchos padres, que su hijo tenga un amigo imaginario, a veces, les parece gracioso, ya que crea historias curiosas procedentes de su imaginación más fantasiosa, pero alimentar o estimular esta “realidad” no es lo apropiado. Tampoco se trata de reprimir. Si le regañamos o expresamos nuestro desacuerdo, él puede inhibir esta expresión en nuestra presencia, lo que hará que se aleje de nosotros. Con ello se reducirían nuestras posibilidades de ayudar en caso necesario (por ejemplo, hay casos en los que los niños pueden dejarse llevar por su imaginación al punto que quieran volar con un paraguas al estilo Mary Poppins). Es decir, para que los padres puedan manejar la situación, no deben ni aumentar ni cohibir la conducta. Lo que deberían hacer es:

– Evitar delegar en su amigo imaginario las culpas de algo que haya hecho el niño. Sus actos tienen consecuencias y ellos deben asumirlas.

– Fomentar el contacto social, llevándole a parques donde haya más niños o invitando a otros amigos a casa (y dejando que él vaya a las suyas).

– Darle cierta libertad de elegir sus actividades lúdicas sin marcar en exceso lo que debe hacer. Eso sí, hay que limitar la televisión y los videojuegos. Estas actividades son buenas en su justa medida, siempre que la balanza esté equilibrada y el niño interactúe de manera activa con sus iguales.

– Facilitar su libertad de expresión, ofreciéndole todo tipo de material para que él represente lo que necesita: hojas y pinturas, plastilina, etcétera.

 

Consulta a un experto si… 

-El contacto con estos amigos imaginarios se orienta a conductas agresivas o sólo le sirve al niño para pelear con ellos.

– Va más allá de la edad en la que los niños ya sí tienen un contacto regular con iguales. Además, el amigo imaginario puede aparecer en edades avanzadas, para suplir la falta de amistades reales. Esto puede significar una huida de la soledad.

– Existe una especial introversión o retraimiento social a partir de la aparición del amigo imaginario.

– El niño esconde o protege en exceso a los amigos imaginarios o se resguarda bajo ellos.

– El pequeño se aparta de la realidad o no es capaz de discernirla y salirse de su mundo.

– El amigo imaginario le sirva al niño como escusa para rehuir sus responsabilidades y quehaceres cotidianos.

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