12 Jun 2015
junio 12, 2015

Complejo de Edipo y Elektra

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Basándose en leyendas, Freud acuñó el término complejo de Edipo para describir las relaciones que se establecen entre el niño y uno de sus padres (el del sexo contrario), y también sus rivalidades, hostilidades y primeras identificaciones. El niño busca un objeto en el que depositar su amor y lo descubren el progenitor del otro sexo. Se forma entonces una tríada en la que el niño siente un enamoramiento hacia la madre y celos hacia el padre. El la niña esta situación se produce a la inversa y recibe el nombre de complejo de Electra. Es una fase del desarrollo muy sensible y vulnerable a la ansiedad y sentimiento de culpa.

 

Triángulo familiar

En los primeros meses de vida se crea una simbiosis madre-hijo, es una unión afectiva, de doble sentido, especialmente intensa. Para el bebé, su madre constituye su punto de referencia, su presencia es absolutamente indispensable, cubre todas sus necesidades, le aporta cariño y construye su medio de comunicación con el exterior, es básica en la formación de las primeras percepciones. Cuando el niño necesita algo, generalmente porque tiene hambre o sueño o simplemente se encuentra incómodo, llora: entonces acude su madre que atiende sus necesidades y resuelve sus problemas; el niño se da cuenta y necesita esta disponibilidad materna. Es importante jugar con el niño, hablarle acariciarle, demostrarle cariño porque ayuda a que madure correctamente y tenga un desarrollo correcto. El papel del padre en nuestra sociedad, durante el primer año de vida, está adquiriendo cada vez más importancia, y esto es esencial, ya que ambos constituyen la base sobre la que los bebés se desarrollan y generan su “yo” futuro.

 

Aparece entre los tres y seis años

De los tres a los seis años el niño atraviesa la fase Edipica (complejo de Edipo en los niños y de Electra en las niñas), coincidiendo con la fase pregenital, en la que se siente atraído por el progenitor del sexo opuesto y ve en el del mismo sexo una especie de contrincante o usurpador del cariño de la madre o del padre. Pasada esta fase se suele crear una mayor unión con la madre, y el padre conecta con los hijos a través de ella.

Es a partir de los seis años cuando el amor a la madre se desexualiza y al perder su significado sexual, se convierte en la base de una relación adulta satisfactoria entre madre e hijo.

En el caso de las niñas es quizá más complicado. El niño parte de su deseo hacia su madre y finalmente se encauza hacia otras mujeres en su etapa adulta. La niña parte del mismo punto, pero su maduración tiene que atravesar un desarrollo incluso más complicado. También en su caso la madre es su primer amor y la niña la quiere toda para sí misma. El trascurso de una solución normal del complejo de Electra las niñas renuncian al deseo sexual hacia el padre y renuevan la identificación con la madre. Esto supone un requisito previo del logro de la feminidad adulta y de la capacidad para amar a un hombre distinto de su padre.

Posteriormente, dentro de un desarrollo normal, el complejo de Edipo es superado al igual que los conflictos que lo acompañan y poco a poco el niño va entrando en una situación de mayor madurez al tiempo que estabiliza las relaciones afectivas con sus padres. La superación del complejo de Edipo es un requisito indispensable para el desarrollo normal de la personalidad.

 

Importante superarlo

El papel del complejo de Edipo, tanto en el desarrollo saludable como en el patológico, es crucial. Su satisfactoria solución es un requisito previo para el funcionamiento maduro no solo desde el punto de vista sexual, sino también desde otros puntos de vista psicológicos. Las vicisitudes en la solución del complejo de Edipo pueden producir en la vida adulta serias dificultades emocionales. Pueden ser la causa de una grave ansiedad y una sensación de culpa; la fuente de trastornos sexuales tanto para el hombre como para la mujer.

 

Consejos saludables para abordar el complejo de Edipo y Elektra

 

  • Es importante saber y reconocer el complejo de Edipo/Elektra como un proceso.
  • Hay que normalizar y no alarmarse ante ciertos comportamientos; es importante para no provocar sentimientos de culpa.
  • La negación de cualquier realidad nos hace participes de las dificultades futuras. En este caso conocer y reconocer hace que tomemos conciencia y lo tomemos como una fase que para nada es patológica, sino perfectamente superable.
  • Existen grados, no todos desarrollamos las mismas conductas ni con la misma intensidad.
  • Siempre que nos encontremos ante un caso que consideremos exagerado procuremos afrontarlo con la máxima comprensión hacia nuestros pequeños. Y siempre podemos recurrir a algún especialista que nos guíe en nuestro caso en particular.
  • Para ellos es un periodo sensible y les hace vulnerables a sentir algún sentimiento de culpa que puede provocar disfuncionalidades en un futuro.
  • Para ayudar a nuestros pequeños a superarlo debemos dejar claro los límites, hacer respetar el espacio vital de los miembros de la familia y ayudarle a encontrar su propio sitio.
  • Hay que evitar la competitividad entre padre y niño por el amor de la madre o madre niña por el amor del padre.

 

 

 

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