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Todas las personas nos enfrentamos a cambios, la muerte de un familiar, el fin de una relación que no funcionó, un cambio de trabajo, un despido, la despedida de un amigo, un cambio de hogar, de país… Desde pequeñitos estamos sometidos a cambios; el primero de todos ellos es nuestro nacimiento, desde que el bebé abandona el útero hasta los últimos días de su vida experimentará millones de cambios.

Pero también el mundo en el que vivimos cambia constantemente: cambios de gobierno, guerras, crisis económicas…

Los cambios son diarios, muchos y variados; algunos pueden ser esperados y otros no, pero todos comparten un denominador común: generan incertidumbre. Esa incertidumbre que tan poco nos gusta y que nos hace pensar que todo se tambalea…

Hay personas que se resisten a los cambios (o por lo menos lo intentan, recordemos que el cambio es inevitable), y piensan que si hacen todos los días lo mismo, mantienen sus mismas opiniones, una vida “cerrada” y planificada, una rutina de la que no salen… su vida no se tambaleará. Sus reacciones frente a los cambios son negativas, rayando en la total negativa al mismo. Esto se debe, principalmente, a que el cambio genera muchos sentimientos negativos en los seres humanos, sentimientos de miedo, falta de la rutina, de estar perdido ante una situación nueva…

Pero, nos pongamos como nos pongamos, la vida es cambio, es algo inevitable y unido a la condición humana, así que, ¿qué tal si en lugar de cerrarnos frente a los cambios, les hacemos frente y buscamos su parte positiva? (que la tienen)

 

Pasos para aprender aceptar y convivir con el cambio

  • Aceptar que el cambio es una constante en nuestra vida es el primer paso para reconocerle como parte de nuestra vida. Huir de él no tiene sentido.
  •  Queramos o no el cambio va a suceder, cada día cambia algo y si has dejado de notarlo es que has perdido la capacidad de percibir los detalles que te pueden hacer feliz.
  •  Cada día somos diferentes, hemos pasado de bebés a niños, de niños a adultos y seremos ancianos, por lo que podemos aceptar el cambio como forma natural de desarrollo.
  •  Del cambio podemos esperar dos cosas, que ganemos en él o que aprendamos, así que ¿por qué temer aquello que nos hace evolucionar?
  •  En realidad el cambio no es lo que nos asusta, principalmente es la interpretación y el pensamiento de si estaremos a la altura de las nuevas condiciones, por lo que si reforzamos nuestra autoestima estaremos mejor preparados para aceptar y vivir con positividad las consecuencias del cambio.
  •  Si lográsemos ver el cambio como una nueva oportunidad desearíamos que llegase pronto y no huiríamos de él.
  •  Si nos comportamos de forma pasiva en la vida, aceptando lo que nos ocurre es normal tener miedo, ya que no tenemos forma de tener impacto en nuestra propia vida, pero si nos percibimos a nosotros mismos como creadores activos de nuestras vidas, aceptaremos el cambio como oportunidad de mejora.
  •  La tendencia de la vida es al cambio, a la transición, si notamos que no cambiamos, que todo sigue igual, ¡cuidado! ¡Hay algo que está muriendo!
  •  Luchar contra el cambio te cambia, así que alíate y saca lo mejor que tenga que ofrecerte.
  •  Aunque te guste permanecer inmóvil y con tus rutinas bien fijas, es tu propia naturaleza la que fomenta el cambio, tienes inquietudes interiores que activan esos cambios en tu vida así que no te reveles contra ti mismo y sé tu mejor amigo.
  •  Actitudes pasivas, de queja, negativas… te alejan de una vida plena y te llevan a situaciones donde tendrás que cambiar de forma rápida si no quieres dejarte llevar por malas “corrientes”. “Solo los peces muertos se dejan llevar por la corriente”.
  •  Atrévete a provocar el cambio en aquello que no te gusta. Sé parte de la vida cambiando.

 

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