Nuestro niño interior

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Cuando hablamos de niño interior hablamos en términos simbólicos, se trata pues de una imagen mental que nos conecta con los recuerdos infantiles, con el niño que éramos entonces y que sigue entando en nosotros. Ese niño capaz de crear, de disfrutar su espontaneidad, sin apenas prejuicios que dirigieran su felicidad, ese niño que aún tiene la capacidad de asombrarse ante los misterios de la vida. Ese niño único, libre, tierno, espontáneo, auténtico, curioso
A veces ocurre que estamos ante un niño interior herido, un niño al que le han cortado esa capacidad de asombro y disfrute, un niño asustado por lo pronto que ha vivido experiencias que no le corresponden a su edad e imposibles de afrontar en esa etapa y que siguen estando presentes “como si” aún fueran imposibles de enfrentar. Esa herida se manifiesta en conductas en nuestra edad actual que no nos dejan actuar de forma libre, que nos limitan y restringen nuestra capacidad para disfrutar de la vida incluso en sus pequeños detalles.
Cuando hablamos de niño interior no nos referimos a la parte infantil del adulto de forma despectiva sino más bien todo lo contrario. Una parte de nuestra psique que necesita a veces ser reparada o atendida, cuidada, escuchada… Se trata de ese niño interior que vive en el presente, que dice las cosas como son, que critica abiertamente al adulto en el que se ha convertido reclamando su espacio dentro de la vida del adulto, del niño o parte de nuestra mente que necesita ser espontáneo, necesita sorprenderse, necesita liberarse del prejuicio y de la crítica, necesita ser protegido por el yo adulto, necesita liberarse de miedos y evolucionar.
Podemos sentir que nuestro niño interior necesita ser atendido cuando vivimos una realidad en la que no conseguimos sentirnos plenos, cuando alguna herida ocasionada en nuestra infancia se manifiesta en el presente de forma reiterada como; sensación de vacío, abatimiento, tristeza general, miedos, aburrimientos, falta de motivación, amargura, desconfianza hacia las personas, negativismo…Cuando tomamos la misma decisión errónea una vez tras otra, acabamos en el mismo sitio cuando empezamos alguna relación por ejemplo o nos sentimos reprimidos por pensamientos que se repiten en el tiempo y no nos dejan avanzar.
A veces actuamos como lo haría nuestro niño interior herido cuando no nos creemos lo suficientemente fuertes para afrontar las situaciones a pesar que hemos crecido y somos quién somos. En lugar de ayudar a sanar y cuidar nuestro yo interior y vivir de manera espontánea y feliz , seguimos actuando como si fuéramos aun débiles e indefensos. No utilizamos esa fuerza que tenemos para sanar sino que nos escondemos detrás de miedos pasados sin sentido. En este punto desaprender lo aprendido y disfrutar de un niño interior conectado con nuestra vida presente hace un gran paso hacia la realización humana tan deseada.
Las terapias centradas en la sanación del niño interior se acercan a ese niño interior que todos tenemos dentro, le escuchan, le atienden, le entienden y hacen que confíe en nosotros. Cuando hemos sanado su área dañada, sacamos todo su potencial y esplendor. Es en esta fase cuando la persona se asombra de todo lo que había dentro por sacar. Se conecta a esa parte olvidada que hace disfrutar del mínimo detalle en su vida, se conecta a la ilusión y el placer por descubrir cosas nuevas sin temor. Las relaciones sociales posteriores se hacen más espontáneas y libres, se convierten en algo auténtico y es en este punto dónde se empieza a disfrutar de la compañía realmente. Por lo que empieza sanando la conexión con uno mismo y se termina sanando las relaciones con los demás.
Nos damos cuenta que a veces proyectamos nuestros miedos, no lo que somos o nos gustaría ser.. si no lo que tememos que nos perciban, luego nos sentimos desgraciados porque la imagen proyectada se convierte en nuestra seña de identidad y nos fusionamos con nuestros miedos, haciendo casi imposible la escisión de nuestros miedos con nuestra persona. Sanar esas heridas y que no se repitan se consigue mediante la autenticidad de uno mismo.
Y qué es lo que sacamos cuando terminamos el proceso?
Además de sanar y mejorar áreas de nuestra vida que estaban afectadas, conseguimos conectarnos y sentirnos integrados con nosotros mismos. Las áreas de nuestra vida que parecían estancadas, carentes de ilusión empiezan a motivarnos porque estamos libres de esos sentimientos que nos mantenían temerosos. Esferas como familia, amigos, pareja, laboral e incluso con nosotros mismos comienzan a adquirir el matiz de identidad que le corresponden.
Espontaneidad, autenticidad, conexión, ilusión, confianza y encanto personal son aspectos y calificativos que vuelven a tener sentido en nuestras vidas.