Síndromes asociados a rupturas con menores

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PATERNIDAD COMPARTIDA Y RIESGOS DE DISFUNCIÓN EN EL DESARROLLO DE LOS HIJOS: SÍNDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL, SÍNDROME DEL PROGENITOR MALICIOSO, SÍNDROME DE LA INTERFERENCIA SEVERA Y SÍNDROME DE LA FALSA MEMORIA

Como ya se ha comentado anteriormente, al margen del tipo de custodia que se
acuerde, la separación o el divorcio de los padres siempre supone un importante
impacto negativo en el desarrollo global de los hijos.
Desgraciadamente, a esta situación se pueden sumar una serie de factores circunstanciales que, especialmente cuando se trata de una ruptura teñida por la confrontación o el conflicto entre los componentes de la pareja, intensifican la disfunción evolutiva de los niños. En estos casos, y con mayor frecuencia de lo que fuera deseable, los conflictos emocionales asociados con la separación o el divorcio de los padres se intensifican, convirtiéndose los hijos en víctimas de situaciones (sutiles o manifiestas) de manipulación, por parte de uno o de ambos progenitores, para despertar el odio hacia el otro. Concretamente, nos referimos a trastornos específicos como el Síndrome de Alienación Parental (SAP) y a cuadros derivados, como el Síndrome del Progenitor Malicioso (SPM) y una forma clínica especial, que puede denominarse Síndrome de la Interferencia Severa (SIS). En época más tardía, en la adolescencia, puede dar la cara el Síndrome de la Falsa Memoria (SFM)

De tales anomalías parentales, es relativamente frecuente la estrategia dada por
el Síndrome de Alienación Parental de Gadner . En palabras de Gadner se trataría de una maniobra en la
que uno de los padres dirige, de forma solapadamente sutil y perversa, a los hijos
contra el otro progenitor, sin que exista una justificación razonable para ello. Gardner
lo delimita como un desorden que surge casi exclusivamente en los contextos de
disputa por la custodia del hijo, abocando en programaciones que tienen como objetivo central alienar a un progenitor, haciendo una especie de «lavado de cerebro»
contra el otro progenitor o induciendo a esa alineación mediante una campaña de
desprestigio contra el padre victimizado. No se trata sólo de un «lavado de cerebro»
de uno de los padres contra el otro: los propios hijos en esa manipulación, a menudo
contribuyen y complementan lo que se ha previsto para la programación contra el
padre-víctima. Si la maniobra tiene éxito, tal cuadro puede llegar a crear multitud de
trastornos en todos los sujetos implicados. Esta entidad clínica fue ampliada por Darnall, al considerar que, en muchos casos, el padre que desarrolla la campaña de desprestigio hacia el otro progenitor manipula acontecimientos reales hasta convertirlos en irreconocibles.
En cualquiera de estos casos, estas conductas son altamente perjudiciales para
los hijos victimizados, el padre objeto del daño y las relaciones entre ambos, socavando seriamente la paternidad compartida. Este tipo de actuaciones psicopatológicas es habitual en los procesos de separación o divorcio en los que los padres entablan una intensa lucha por obtener la custodia de los hijos y también en las disputas que entablan respecto a las visitas y aspectos relacionados con el litigio en general, como la disolución de los bienes económicos de la pareja etc..
Por la malvada sutileza del proceso, la detección del Síndrome de Alienación
Parental no resulta fácil. Existen una serie de criterios que ayudan a identificar la instauración de este trastorno en el proceso de ruptura de la pareja:

* que el niño trate al otro padre como a un desconocido, sintiendo su proximidad como una agresión a su persona;
* que existan muestras sin fundamento de desamor hacia el progenitor rechazado, que se justifican utilizando argumentos basados en situaciones pasadas banales y en conductas o características protagonizadas por el progenitor rechazado carentes de toda importancia e incluso absurdas;
* que se observen signos de odio total y absoluto hacia el padre rechazado,
sin concesiones, dando muestras los chicos de sentir una adhesión y devoción
incondicionales hacia al progenitor manipulador, al que defiende sin admitir ningún
tipo de razonamiento dirigido en su contra;
* que haya claras manifestaciones de una constante desacreditación del padre alienador hacia el otro progenitor a lo largo del proceso de la separación o el divorcio, llegando el niño a interiorizar esos argumentos hasta formar parte de su pensamiento y juicios, resultando chocante los términos que emplea para referirse a la figura parental atacada, llegando a relatar detalladamente pasajes que realmente no vivieron o presenciaron; y,
* el odio que siente la figura parental anómala y el hijo no sólo está dirigido hacia la figura desprestigiada, sino a todo el entorno familiar de éste (abuelos, tíos, primos, etc.), cuando previamente se había tenido con ellos adecuadas relaciones afectivas.

Según la intensidad del proceso de alienación, Gardner diferenció tres
tipos de Síndrome de Alineación Parental: leve, moderado y severo. Estas tres modalidades no constituyen entidades nosológicas precisas, sino tres formas graduales en el continuum del SAP.

El tipo leve, se corresponde con la etapa en donde se producen las visitas con el
padre no custodio, sin que aún ocurran grandes situaciones de conflicto. Todavía, la
intensidad de la fase de desprestigio es de baja intensidad, aunque ya se haya iniciado,
los sentimientos de culpa con el padre desprestigiado están aún presentes en el
niño y los lazos afectivos que le une a ese progenitor, siguen siendo relativamente
fuertes.

En el tipo moderado, comienzan los conflictos en las visitas con el padre no
custodio, especialmente en el momento de la entrega de los hijos, siendo frecuentes
los enfrentamientos entre la pareja. La campaña para denigrar al otro progenitor se
acentúa, ampliándose los ámbitos del descrédito y haciéndose cada más frecuente. El
niño muestra claramente su afecto positivo hacia el padre atacante, a la vez que
culpabiliza al otro de todas las situaciones de conflicto que surgen. En esta fase,
suele iniciarse la extensión del rechazo hacia la familia del otro progenitor. El padre manipulador se encarga de informar arbitrariamente al niño de la marcha del proceso legal, así como de las iniciativas legales emprendidas en su contra por el otro progenitor. Igualmente, comienzan las interferencias de las visitas, utilizando excusas de toda índole, bien para acortarlas, bien para impedirlas. Lógicamente, los lazos afectivos con el padre se van deteriorando y se intensifican los establecidos con la otra parte. Cuando el trastorno se sitúa en este nivel, si hay varios hijos, es frecuente que el mayor participe más en el proceso del desprestigio, tratando de implicar a los hermanos más pequeños.

El tipo severo aparece cuando la tarea de desprestigio es extrema y continua. Las
visitas con el padre no custodio se hacen imposibles o, sencillamente, se anulan con reiteradas provocaciones y entorpecimientos. Si, a pesar de todo, hay visitas, el mutismo selectivo por parte del hijo suele ser un arma muy empleada. Además, en el momento de los encuentros con el padre alienado, los menores reaccionan con llanto desconsolado, inquietud y angustia, lo que puede inclinar a la creencia de algún tipo de maltrato por parte del mismo. En este nivel, el odio hacia este progenitor es extremo y también la ausencia de culpa por ello. Es frecuente que el padre difamador suavice por entonces sus ataques, dando la impresión de no tener responsabilidad alguna en las reacciones y actitudes que adoptan los hijos. El objetivo se logra si los vínculos afectivos con el otro progenitor quedan definitivamente rotos.

En términos generales:

1. El niño está alineado con el progenitor alienador en una campaña de denigración contra el progenitor objeto, en la que el niño contribuye activamente.
2. Las razones alegadas para justificar el desacreditar al padre objeto son a menudo débiles, frívolas o absurdas.
3. La animadversión hacia el padre rechazado carece de la ambivalencia normal en las relaciones humanas.
4. El niño afirma que la decisión de rechazar al padre objeto es exclusivamente propia, lo que Gardner llama el fenómeno del “pensador independiente” o librepensante.
5. El niño apoya reflexivamente al progenitor con cuya causa está alineado.
6. El niño expresa desprecio sin culpa por los sentimientos del padre objeto u odiado.
7. Se evidencian escenarios prestados, por ejemplo, las afirmaciones del niño reflejan temas y terminologías propias del progenitor alienador
8. La animosidad se extiende a la familia ampliamente y a quienes se asocia con el padre odiado.

Las consecuencias del Síndrome de Alienación Parental en los hijos son muy severas. La principal es que el niño víctima pierde sus vínculos afectivos con uno de los progenitores, ruptura que origina una serie de reacciones negativas, como elevados niveles de angustia y miedo a la separación del progenitor manipulador, sobre todo ante la presencia del otro padre. Estas disfunciones emocionales provocan, a su vez, particularmente en los niños pequeños, alteraciones en los patrones de alimentación y del sueño, aparición de conductas regresivas, bajo rendimiento académico y atencional, pérdida de habilidades sociales, ausencia de empatía y escaso control de los impulsos. Igualmente, los niños que son víctimas del SAP poseen una autoestima muy baja que intentan elevar a través del reconocimiento y el afecto de los otros, utilizando la manipulación con esas personas. Pero, como no siempre lo logran, las ocasiones para sentirse frustrados suelen ser frecuentes y mal controladas.
Por otro lado, cualquier tipo de infidelidad hacia el padre alienador es duramente
castigada por éste, siendo habituales los chantajes afectivos, la retirada de las muestras de cariño e incluso los castigos físicos o de otro orden. A largo plazo, los efectos del trastorno son muy negativos si, ya adulto, el sujeto tiene ocasión de comprobar cuáles fueron realmente las relaciones con el padre alienante, lo que aboca en la decepción y el desengaño por haber sido utilizado por él, apareciendo entonces
sentimientos de culpa con respecto al progenitor objeto de la desacreditación.

No obstante la Asociación Médica Americana y la Asociación Americana de Psicólogos lo inhabilitan para configurar un síndrome diagnóstico, ya que no han sido hechas pruebas que lo convaliden ni su autor ha expuesto a consideración de la comunidad científica los datos en los cuales se basó para configurarlo… Si bien es cierto que el trabajo de Richard Gardner jamás ha sido revisado ni reexaminado, se utiliza en el ámbito judicial a pesar de su no admisión en ningún manual de diagnóstico ni admitido por ninguna comunidad científica.
El empleo de este dudoso síndrome como instrumento, adaptado para ser usado como arma arrojadiza en los tribunales más que con el objetivo de salvaguardar el bienestar del menor ponen en tela de juicio la premisa de protección de los menores.
Hay expertos que valoran el SAP no cómo ciencia sino la descripción sesgada y tendenciosa de un fenómeno creado en el ámbito legal, no de la salud.

Al debate: EN ESTADOS UNIDOS SE HA INICIADO UN FUERTE Y DECIDIDO MOVIMIENTO PARA IMPEDIR SU ADMISIBILIDAD COMO PRUEBA EN JUICIO BASÁNDOSE EL LA IDEA QUE SUSTENTA EL SAP COMO PEDÓFILA Y SEXISTA.

Dejando de lado el gran debate que genera, y centrándonos en el bienestar del menor redacto una serie de mensajes negativos a evitar.
1. Miedo y sobreprotección: “Si estás mal me llamas” “Si te aburres voy a por ti”
2. Reconciliación: “Dile que he cambiado, que ya no bebo”
3. Interrogatorio: “ ¿Te ha bañado? ¿Te ha vestido?”
4. Toda la verdad: Tiene que saber lo que es su padre/madre.
5. Información negativa sobre la separación: “Mamá se lo ha quedado todo Papá no tiene dinero”
6. Manipulación:” Cuando te vas me quedo solo” “Eso, tú ve a pasarlo bien con tu madre y déjame así…”
7. Celos / niños espía:” ¿Mamá sale con alguien?”

Una variante del SAP es el llamado Síndrome del Progenitor Malicioso en el que el padre hace que sean directamente los hijos los que realicen la misión patológica de hacer daño al otro progenitor, sirviendo de herramienta en una campaña de castigo al padre o a la madre en múltiples niveles. Al respecto, algunas de las más destructivas formas de disfunción en la paternidad compartida pueden incluir el secuestro, el abuso físico y el crimen, en cuyo caso podríamos hablar del Síndrome de Interferencia Severa (SIS).

Finalmente tiene interés señalar que un efecto relativamente tardío que puede
traer consigo el SAP es un trastorno que Gardner bautizó como Síndrome de la
Falsa Memoria (SFM), que aparece en jóvenes, sobre todo en chicas, que han sido
víctimas de la manipulación de uno de los padres. Este síndrome se caracteriza fundamentalmente por la creencia persistente en el hijo de que ha sido objeto de abuso sexual en la infancia, lo que no ha sucedido realmente, incluyendo elementos absurdos o imposibles, así como que algunos de los miembros cercanos de la familia
facilitaron dicho abuso, todo lo cual se suele rememorar en el curso de intervenciones
psicoterapéuticas con ausencia de culpa.

Los pretendidos criterios diagnósticos son nulos bajo la opinión de los expertos ya que no correlacionan con ninguna patología identificable y usado malintencionadamente dejaría a los menores en una situación de riesgo extremo.

USOS Y ABUSOS DEL SAP. Próximamente