Timidez extrema disfuncional

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Si te preguntara como es tu timidez… ¿qué me responderías? ¿Crees que se trata de un rasgo de tu personalidad o de un comportamiento adquirido? Yo diría que ambas.

Podemos entender la timidez como rasgo de personalidad, pero, sin duda, nuestro ambiente pule y define su manifestación.

¿Quién no ha conocido a una persona extremadamente tímida? O ¿quién no ha tenido una reacción de timidez en ciertas ocasiones? Todos en algún momento de nuestra vida lo hemos experimentado.

No siempre ocurre y no siempre se repite, pero en algunas personas esta sensación es una constante. Obviamente, la timidez no es un trastorno de la personalidad ni una patología, pero existen límites que, al sobrepasarlos, se podrían convertir en un obstáculo para relacionarnos con la sociedad. Y es ahí dónde debemos tomar las riendas. Porque existiendo la opción de no sufrir, ¿para qué tomar un camino distinto?

Miedo, tensión, ansiedad, sudoración, balbuceo, bloqueo mental, parálisis física momentánea, sensación de querer desaparecer… estas son solo algunas de las sensaciones que perciben día a día las personas tímidas; sobre todo cuando se deben enfrentar a situaciones nuevas y/o que estas impliquen relacionarse con desconocidos.

La timidez es una problemática común a la que se enfrentan millones de personas en todo el mundo para las cuales el simple hecho de tener que preguntar algo en la administración o un precio o la hora puede generar tensión o nerviosismo. Afortunadamente, con la terapia adecuada y un compromiso personal real, estas personas pueden superar la timidez y emprender una vida más plena.

Algunos buenos consejos que pueden ayudarte a superar tu timidez

  • Primero de todo: reconoce tu timidez, en qué situaciones y cómo se produce y cómo reaccionas. La mayoría de las personas tímidas no se encuentran a gusto con sus reacciones y se machacan por su conducta. Esto no hace más que reforzar su imagen negativa, por lo que objetividad y compromiso de cambio es el primer paso para vencer la timidez exagerada. Un poquito de ternura y comprensión con nosotros mismos es recomendable.
  • Busca en tu personalidad otras características positivas y úsalas a tu favor. Las personas tímidas no son sólo tímidas, tienen otras características, el arte consiste en conocernos lo suficiente para reconocer nuestras habilidades y otras características de nuestra personalidad que nos pueden ayudar vencer situaciones y reaciones conductuales y emocionales asociadas a la timidez.
  • Formúlate las siguientes preguntas: ¿Por qué soy tímido? ¿Temo quedar mal ante determinadas personas? ¿Quién dice que soy tímido? ¿Desde cuándo me lo dicen? ¿Desde cuándo lo soy? ¿El hecho de que me lo hayan dicho en mi infancia puede ser que haya hecho que adopte el rol? ¿Soy tímido en todas las situaciones o sólo ante determinadas personas? ¿Estas situaciones o personas a qué o quién me recuerdan?
  • Enfréntale a situaciones. Podemos pensar que tenemos cierta tendencia a la timidez. Y es cierto, todos la tenemos en mayor o menos grado, Pero eso no nos quita la responsabilidad que tenemos para nosotros mismos de despojarnos de los efectos dañinos que esta nos puede acarrear. Si nos enfrentamos a situaciones sintiéndonos seguros o no dando importancia a las opiniones de los demás, sino a las propias, habremos ganado un gran reto personal. A partir de aquí podemos decir que hemos crecido como personas y podemos seguir marcándonos retos porque hemos vencido a un gran rival, una parte de nosotros mismos que nos dañaba y no nos permitía realizarnos como personas.
  • No pretendas un cambio rápido. Como todo cambio en la vida requiere tiempo y esfuerzo, no se da de manera aleatoria y espontánea. Requiere un trabajo, un conocimiento, explicación y una adaptación. Para no avasallarnos a nosotros mismos podemos ir planteándonos pequeños retos alcanzables y cuando hayamos alcanzado estos, plantear otros. No se trata de pasar de la timidez más traumática al alma de la fiesta, sino de ir escalando con paso firme.
  • Encuentra las situaciones en las que puedes ensayar tus nuevas estrategias. Situaciones en las que nos sintamos expuestos socialmente, pero no bloqueados ante una marabunta de gente. A lo largo del día nos podemos enfrentar a varias posibilidades.
  • No te frustres por un tropiezo. Podemos ser realistas con nuestras expectativas y así no nos frustraremos ante cualquier tropiezo. Pero… ¿y si siendo realistas tropezamos igual? Pues entonces estarás al nivel de todos los seres humanos sanos, en el que el propio proceso de aprendizaje nos lleva a tropezar para recibir la lección de cómo levantarse. Los tropiezos no sirven para caernos, sino para enseñarnos quienes somos, qué nos queda por aprender y que ¡estamos vivos! Un truco que funciona en el 100% de los casos es echar mano de un poco de humor, es decir, reírnos de nosotros mismos con el amor que merecemos, pero ¡sin dejar de reir y reir!